lunes 29/11/21

La 'Dama Roja' de la cueva cántabra de El Mirón ha resultado clave en una investigación que muestra que el microbioma oral de los humanos modernos del Paleolítico Superior es similar al de los neandertales, según ha informado hoy el Instituto Internacional de Investigaciones Prehistóricas de Cantabria (IIPC).

Un grupo de investigadores de diferentes instituciones internacionales liderados por los arqueogenetistas James Fellows Yates e Irina Velsko, del Instituto Max Planck para el Estudio de la Historia Humana, en Jena (Alemania) y Christina Warinner, de la Universidad de Harvard (Espados Unidos), han encontrado un grupo de bacterias, presentes tanto en los humanos modernos como en los neandertales, especialmente adaptadas para consumir almidón, tal y como aparece en una publicación de la prestigiosa revista Proceedings of the National Academy of Sciences of the United States of America (PNAS).

Un trabajo que investiga, a partir del análisis del sarro dental fosilizado de humanos y neandertales, la historia evolutiva del microbioma oral de los homínidos (en los últimos cien mil años) comparada con la de chimpancés, gorilas y monos aulladores.

Entre esos investigadores se encuentra el catedrático del IIPC Manuel González Morales, quien ha aportado al estudio los datos correspondientes a la llamada 'Dama Roja' de la cueva del Mirón, en Ramales de la Victoria, como representante principal de las poblaciones del Paleolítico Superior europeo, junto con Lawrence G. Straus, de la Universidad de Nuevo México (Estados Unidos), codirector del proyecto de investigación en dicho yacimiento.

Según ha explicado Gonzales Morales, la Dama Roja del Mirón se utiliza en el estudio para mostrar que su microbioma oral es similar al de los neandertales, a diferencia de lo que ocurre a partir de unos 14.000 años atrás, cuando hay un cambio importante debido a la expansión por Europa de una nueva población procedente de Oriente Medio. En ese sentido, esa coincidencia con el microbioma neandertal puede derivar de hibridaciones tempranas entre ambos linajes o crianza común de niños, ya que el microbioma lo recibimos básicamente a través de la lactancia o en contacto directo con quienes nos cuidan en la primera infancia.

Asimismo, de los nueve yacimientos neandertales del Paleolítico Medio europeo que contempla este estudio, cinco también están en Espana: Banyoles, La Güelga, la Cueva de Valdegoba, la cueva del Boquete de Zafarraya, y la Sima de las Palomas del Cabezo Gordo. Además, se incluyeron cuatro individuos del yacimiento de El Collado (Valencia) como representantes del periodo mesolítico de la península ibérica.

El hallazgo de estas bacterias sugiere que los alimentos con almidón se volvieron importantes en la dieta humana mucho antes de la introducción de la agricultura y, de hecho, incluso antes de la evolución de los humanos modernos. Los alimentos con almidón, como raíces, tubérculos y semillas, son fuentes ricas en energía, y se había argumentado que el paso de nuestros antepasados al consumo de alimentos con almidón pudo haber sido lo que permitió a los humanos desarrollar los grandes cerebros que caracterizan a nuestra especie.

A partir de la placa dental fosilizada, este estudio ha identificado diez grupos de bacterias que han formado parte de nuestro microbioma oral durante más de 40 millones de años y que compartimos con nuestros parientes primates más cercanos.

Aunque compartimos muchas bacterias orales con otros primates, nuestro microbioma es muy similar al de los neandertales. De hecho, las bacterias orales de los humanos modernos y los neandertales son casi indistinguibles.

Sin embargo, existen algunas pequeñas diferencias, y los investigadores han descubierto que los humanos antiguos que vivían en la Europa de la Edad de Hielo, como la Dama Roja de El Mirón, compartían algunas cepas bacterianas con los neandertales, aunque estas cepas ya no están presentes en los humanos hoy en día.

Reconstruir lo que estaba en el menú de nuestros antepasados más antiguos es un desafío difícil, pero nuestras bacterias orales pueden contener pistas importantes para comprender los primeros cambios en la dieta que nos han hecho humanos únicos.

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