sábado 21/5/22

Los dos acusados de abusar de una joven tras echar una sustancia en su bebida en Noja en 2019 han ofrecido en el juicio que se ha iniciado contra ellos este martes diferentes versiones de los hechos, pues uno de ellos ha dicho que las relaciones sexuales se dieron entre los tres y el otro ha negado que participara más allá de besos y caricias.

En lo que sí han coincidido es en que la chica estaba "bien", consciente de lo que ocurría y "no dijo que no quería" tener relaciones, mientras ella ha declarado que no recuerda nada de esa noche desde poco después de empezar a entablar conversación con ellos en un pub de Noja y que solo tiene "tres flashes" de momentos en los que "no podía moverse" debido a su estado, por lo que asegura que conscientemente no consintió las relaciones.

A la mañana siguiente creyó que había sido víctima de un abuso sexual y decidió denunciar porque se despertó "en un lugar que no conocía, medio desnuda" y sintió dolor cuando fue a orinar. Además, en los días siguientes le aparecieron moratones, ha relatado. Según ha precisado, había bebido una copa, un chupito y tres cervezas Voll-Damm "a medias" con una amiga, por lo que estaba "contenta", pero "no era normal" que se encontrara así. "Yo aguanto mucho más", ha sentenciado tras explicar que solía salir de fiesta y no había tenido esa sensación en ninguna otra ocasión. "No estaba mareada por la bebida. La cantidad que tomé ese día era normal, no me afecta".

Fue cuando se acercó a pedir la cuarta cerveza cuando entabló conversación con los dos acusados, que se encontraban en la barra, y más tarde se fue con ellos a su domicilio, donde se produjeron las relaciones y se despertó a la mañana siguiente sin recordar lo ocurrido.

Los procesados -que no han respondido a las preguntas de la letrada de la acusación, solo a las del fiscal y sus respectivos abogados- han dicho que la chica estaba "bien" mientras se encontraban en el pub y decidió ir a terminar la noche con ellos en su piso, avisando previamente a la amiga con la que estaba, que lo ha negado y por el contrario ha dicho que estuvo "45 minutos o una hora buscándola y llamándola" después de que se marchara.

Según los acusados, que se enfrentan a ocho años de prisión, ya en el trayecto empezó a besarse con uno de ellos, aunque a partir de la llegada al domicilio sus versiones difieren. El primero ha dicho que en el piso "una cosa llevó a la otra" y tuvieron relaciones sexuales los tres, a las que ella "en ningún momento se negó", por lo que cuando supieron de la denuncia se quedaron "asombrados".

Por contra, el otro chico, con el que se habría besado durante el trayecto y que a diferencia del anterior ha indicado que estaba cansado y que le afectó lo que había bebido -unas cinco cervezas y tres chupitos de tequila-, ha dicho que continuaron los besos y caricias ya en su salón, pero hubo un momento en el que se fue al baño y cuando volvió estaba besándose con su compañero, por lo que ya "no intervino más".

A la mañana siguiente, han contado que el primero se marchó a trabajar dejando al otro chico y a la joven en casa y el segundo se despertó cuando apareció en el piso su jefe para levantarlo y que fuera a trabajar, sobre las 12:00 horas, porque "no había podido levantarse" primero. Cuando iba a salir se percató de que la chica seguía durmiendo y sonaba una alarma en su móvil, por lo que la dio el teléfono, pero ésta lo apagó y volvió a dormirse.

Ella ha dicho al respecto que recuerda haber escuchado el móvil pero "estaba dormida", y que alguien se lo pasó pero no sabe quién, porque "veía manchas prácticamente". Ya más tarde se levantó, se vistió, tapándose con una manta porque no encontraba su camiseta, y se vio con la amiga que estaba con ella por la noche en el pub, aunque "apenas podía caminar, estaba mareada y veía borroso".

"YO NO SOY ASÍ"

La joven ha asegurado que "nunca" termina acostándose con alguien que no conoce cuando sale de fiesta. "Yo no soy así. Con cuatro cervezas, tres de ellas a medias con mi amiga y una copa no llego a eso", ha incidido, remarcando también que de forma consciente "no me iría en la furgoneta con dos desconocidos".

Y es que el primero de los "flashes" que ella tiene corresponde al trayecto hacia la casa de los hombres, en el que estaba en una furgoneta sentada encima de uno de ellos. Más tarde recuerda estar "como tirada" en el sofá con uno a cada lado y botellas de alcohol, pero "no podía moverse". "Me oriné encima en ese momento y no me pude mover", ha contado. El último "flash" es de ella de rodillas contra el sofá, sin poder moverse pero "con sensación de que me empujaban desde atrás".

La víctima ha manifestado entre lágrimas que al principio evitó recibir ayuda psicológica "porque soy una persona muy hermética", ha justificado, pero fue cuando uno de los procesados salió de prisión provisional cuando se decidió a hacerlo porque "tuvo miedo". "Me ha ayudado pero tengo la necesidad de ir", ha dicho para explicar que este suceso ha cambiado su vida: "Salgo menos y nunca me quedo sola, controlo lo que bebo, no me dejo la bebida en ningún sitio, nunca vuelvo a casa sola". Además, estuvo "una temporada con depresión en la que no salía de casa" y dejó de estudiar y de trabajar.

En esta primera sesión del juicio, que continuará el jueves en la Audiencia Provincial de Cantabria, han testificado también un camarero del pub, el hombre que fue a despertar a uno de los acusados y encontró a la chica durmiendo en el salón, que ha confirmado que la joven se quedó durmiendo cuando se fueron del piso tras apagar su móvil, y la amiga de la víctima.

Esta última ha señalado que la chica estaba "con el puntillo", pero que es una persona que "necesita beber mucha cantidad de alcohol como para que le afecte". Según su versión, las dos se marcharon del pub en dirección a la casa de una tercera amiga donde iban a quedarse a dormir y en el camino los acusados las ofrecieron irse con ellos y lo rechazaron. Sin embargo, su amiga se fue con ellos sin que se diera cuenta. "Al doblar la esquina me di la vuelta y ya no estaba", por lo que estuvo en torno a una hora llamándola y buscándola.

El fiscal considera los hechos un delito de abuso sexual con penetración por el que pide ocho años de prisión para cada acusado, prohibición de comunicar y acercarse a la víctima durante diez años y libertad vigilada tras la pena de prisión de otros diez. Además, reclama una indemnización de 12.000 euros por los daños morales sufridos.
 

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