sábado 21/5/22

19 de febrero de 1992. La Albericia, Santander. Como era habitual cada día, un furgón de la Policía Nacional circulaba por esta calle. Pero a partir de esa fecha nada volvió a ser igual. Al paso de este vehículo por el lugar en el que ahora existe una rotonda un coche cargado de explosivos explotó. Era un nuevo atentado de la banda terrorista ETA en Cantabria. No era el primero  y no sería el último, pero desde luego fue la mayor y más sangrienta actuación etarra en la región, de la que este sábado se cumplen 30 años.

La explosión dejó una veintena personas heridas, entre ellas dos agentes que viajaban en el vehículo, y mató a tres personas

La explosión dejó una veintena personas heridas, entre ellas dos agentes que viajaban en el vehículo, y mató a tres personas que nada tenían que ver con el objetivo al que, en teoría, se dirigía el atentado: el matrimonio formado por Eutimio Gómez y Julia Ríos, que iban andando, y el estudiante Antonio Ricondo, que conducía su coche en sentido contrario.

Los autores del crimen, Luis Ángel Galarza e Iñaki Recarte, fueron condenados en enero de 1998 a 203 años y seis meses de prisión, pero ambos están ya en libertad. Recarte salió de la cárcel en 2013, y Galarza lo hizo en octubre de 2016, tras cumplir 24 años de la pena impuesta. A ellos se suma Dolores López Resina ‘Lola’, que fue condenada en 2008 por la Audiencia Nacional a 102 años de cárcel al ser considerada cómplice del atentado.

Actualmente, en el lugar del atentado hay un monumento que recuerda a las víctimas, con una placa en la que se puede leer la frase: 'La ciudad de Santander en memoria de Julia Ríos, Eutimio Gómez y Antonio Ricondo, asesinados por la banda terrorista ETA el 19 de febrero de 1992. En homenaje y recuerdo de todos aquellos que sufrieron la violencia bárbara y cruel del terrorismo'. Dicha placa fue descubierta en 2017 en un acto que contó con familiares de las víctimas.

TERRORISMO

Pero la huella que dejó ETA en Cantabria va mucho más allá de lo ocurrido en La Albericia. El último atentado de gran envergadura en la región se produjo en 2008, cuando otro coche-bomba explotó en las inmediaciones del Patronato Militar de Santoña. Unos 100 kilos de explosivos causaron varios heridos y la última víctima mortal en Cantabria, el brigada del Ejército de Tierra Luis Conde de la Cruz. En 2008 estallaron además cuatro bombas en Noja y Laredo.

No sería el último atentado en nuestra Comunidad Autónoma. La banda armada haría estallar un artefacto en Guriezo que afectó a un repetidor de telefonía en 2009. Tres años después llegaba el “cese definitivo de su actividad armada”.

Hasta estas últimas actuaciones, ETA había atentado más de una treintena de veces en Cantabria, la mayoría sin víctimas mortales. Su actividad en la región se remonta a 1969, cuando se produjo un tiroteo entre miembros de la banda y guardias civiles en Mogrovejo. A partir de ese momento, los explosivos fueron protagonistas casi cada año en diferentes puntos de la comunidad autónoma.

En 1980 el taxista bilbaíno Mario Cendán Geimonde fue asesinado a tiros en Islares. Ese mismo año, la banda terrorista robó 9.000 kilos de Goma-2 en Soto de la Marina.

En 2002 Cantabria fue objetivo de los terroristas en más de una ocasión. En concreto, el 22 de junio de dicho año la banda colocó un coche-bomba frente al edificio de Ministerios, en Santander, causando varios heridos leves. Y el 3 de diciembre del mismo año hizo estallar otro coche-bomba cargado con 35 kilogramos de explosivo en el aparcamiento de la plaza de Alfonso XIII, también en la capital cántabra, sin víctimas mortales, pero con importantes daños en el subterráneo.

El aeropuerto de Parayas también fue objeto de un atentado en el año 2003, cuando el 27 de julio se hizo estallar un coche-bomba en el aparcamiento de Parayas, sin causar víctimas aunque sí importantes daños materiales.

En el año 2004, estallaron tres artefactos de pequeña potencia, entre los meses de agosto y diciembre, en las localidades de San Vicente de la Barquera, Santander y Santillana del Mar.

El primero de ellos, en el municipio costero y turístico de San Vicente, estalló a mediodía el 7 de agosto de forma paralela a otro artefacto colocado en la localidad asturiana de Ribadesella, y sólo afectó a un arbusto. En cuanto al explosivo colocado en Santander ese mismo mes de agosto y escasos días después, estalló en el Paseo de Pereda, la tarde del jueves 12 de agosto. Tampoco hubo heridos, pero en este caso se produjeron daños materiales en varios vehículos que se encontraban aparcados en la zona, sobre los que se desplomó una quima de un árbol, además de problemas con el tráfico de vehículos en toda la ciudad.

Por su parte, la explosión de Santillana del Mar fue el día de la Constitución de 2004 y simultánea a otras seis detonaciones en otras tantas localidades españolas. Se produjo a las 13:30 horas en una caseta de madera de información turística instalada en el aparcamiento de la plaza del Rey e hirió a una niña de 7 años y una mujer de 68, que sufrieron heridas leves.

En 2005, ETA colocó dos lanzagranadas apuntando hacia el aeropuerto de Parayas que, sin embargo, no llegaron a activarse, pero que obligaron al desalojo y cierre del aeródromo durante cuatro horas.

En 2006 explotó un artefacto de aproximadamente tres kilos situado bajo el viaducto de Ontón, en la Autovía del Cantábrico, sin causar daños personales aunque sí un socavón y cortes de tráfico. Este atentado coincidió con el aviso de la colocación de otros tres artefactos en otras tantas carreteras que conectan distintas provincias con el País Vasco y Navarra, en una jornada en la que Batasuna había convocado una huelga por la muerte de dos terroristas en prisión. Esta explosión se produjo apenas un día después de otra en Santoña, en la calle General Salinas, junto a la sede del Movimiento Falangista Español, que causó daños materiales en los edificios cercanos y heridas leves a una persona por el impacto de un cristal roto por la onda expansiva.

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